
Este hombre bereber nos enseñó muy amablemente su casa, su casa típica en medio de la "nada". Seguro que está acostumbrado a que nosotros, los turistas, invadamos durante todo el día, unos 20 minutos por autobús, que serán unos cuantos a lo largo del día, su casa, a cambio de unas monedas, que junto con su trabajo, el cual tiene que ser muy duro en esa zona casi desértica, "viven". Pero algo, en su mirada, me decía que estaba cansado de turistas, que estaba cansado de no tener algo de intimidad en su propia casa.
2 comentarios:
Grande retrato!
Gracias !!!
La verdad es que el hombre se prestaba a ello.
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